domingo, 11 de marzo de 2012

Los faroles de la Pasión: Las Siete Palabras

Se conoce como Las Siete Palabras a las siete frases que Jesús pronunció antes de morir, recogidas por los evangelistas. Los dos primeros evangelios, Mateo y Marcos, mencionan solamente una, la cuarta. Lucas relata tres, la primera, segunda y séptima. Juan recoge las tres restantes, la tercera, quinta y sexta. Con certeza absoluta no puede determinarse el orden con que las pronunció Jesús.

Las Siete Palabras

Las siete palabras de Cristo en la cruz fueron recopiladas y analizadas en detalle por vez primera por el monje cisterciense Arnaud de Bonneval (+1156) en el siglo XII. A partir de ese momento las consideraciones teológicas o piadosas de esas palabras se multiplican. Pero fue san Roberto Berlarmino (Doctor de la Iglesia, 1542-1621) quién más impulsó su difusión y práctica al escribir el tratado sobre las siete palabras pronunciadas pro Cristo en la Cruz. Desde entonces se propagó la costumbre de predicar el tradicional "sermón de las siete palabras" en la mañana o mediodía del Viernes Santo.

Las Siete Palabras se enumeran del siguiente modo:

Primera Palabra: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lucas 23,34).

La oración se ofreció para quienes eran culpables de darle muerte. No es seguro si se refirió a los "judíos" o a "los soldados romanos." Tal vez se refirió a ambos. La verdad es que la Biblia posteriormente hace referencia a los soldados romanos jugando dados. Esto es una indicación que pudo estar refiriéndose a ellos. (Marvin R., Escrito con ayuda de "Barnes' Notes on the Bible")

Segunda Palabra: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23,43)

Es la respuesta de Cristo a la súplica "acuérdate de mí, cuando vengas en tu reino" del ladrón arrepentido. El ladrón a pesar de ver a Jesucristo con una imagen deteriorada y grotesca pudo distinguir en Él al Rey, al Salvador ya resucitado. Jesús le asegura su lugar en el paraíso no se hace reclamo alguno de su vida pasada, es la aceptación total con toda su integridad de la persona, porque Dios sólo espera la acción de buen ladrón de poner su confianza en el Señor.

Tercera Palabra: «Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a tu madre» (Juan 19,26 s.).

Una primera interpretación ve este pasaje en sentido ético o social: Cristo entregó el cuidado de su madre al discípulo amado, cumpliendo un elemental deber filial. Pero desde la más remota antigüedad, tal vez ya Orígenes y ciertamente en el s. XV Dionisio el Cartujano, se ve en san Juan, hijo adoptivo de María, al representante de todos los que por la gracia habrían de ser hermanos de Cristo. El sentir católico ve expresada en la frase la maternidad espiritual de María. El magisterio de la Iglesia, sobre todo desde León XIII, es constante en este sentido, aunque la Iglesia Cristiana Protestante ve el milagro más grande de encontrarse como miembros de la familia de Dios, por medio de la gracia y aceptación de Juan al admitirse hijo adoptivo de María, aceptando toda la responsabilidad que esto incluía, ya que en Jesús descansaba el deber de cuidar a su Madre, la que se cree estaba viuda en esos momentos, por lo cual la responsabilidad descansaría en Juan, el hijo adoptivo y nuevo miembro de la familia del Maestro y por otro lado el profundo agradecimiento a la mujer que cuidó de Él, cuando era tan solo un bebé. Se ve en este acto recíproco, la demostración de que no sólo hay que recibir amor, sino saber darlo sin importar las circunstancias en las que te encuentres.

Cuarta Palabra: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).

Es una oración tomada del salmo 22, que probablemente recitó completo y en arameo (Eli Eli lama sabachthani), lo cual explica la confusión de los presentes que creyeron ver en esta súplica una llamada de auxilio a Elías. Éste es un acto de profunda soledad y sentido de alejamiento de su Padre. Esta palabra pronunciada por el hombre crucificado es, más que un reproche hacia Dios, la oración del justo que sufre y espera en Dios; Jesús, en lugar de desesperar y olvidarse de Dios, clama al Padre pues confía en que Él lo escucha, pero Dios no responde porque ha identificado a su hijo con el pecado por amor a nosotros, y éste debe morir. Jesús, colgado en la cruz, es rechazado ahora por el Cielo y por la Tierra, porque el pecado no tiene lugar. Cuántas veces en nuestras vidas hemos sentido el abandono de Dios: ¿Por qué a mi? ¿Por qué ahora? ¿Qué hice Señor? Preguntas y preguntas como la de Cristo, que encuentran como respuesta el silencio de Dios. Por lo general, pero Dios no le respondió, es la mejor respuesta que nos puede dar, pero no lo entenderemos hasta que sepamos que del silencio brota la Resurrección.

Quinta Palabra: «Tengo sed» (Jn 19,28).

Es la expresión de un ansia de Cristo en la cruz. Se trata, en primer término, de la sed fisiológica, uno de los mayores tormentos de los crucificados. La palabra está tomada de los salmos 69,21 y 21,16. Se interpreta en sentido alegórico: la sed espiritual de Cristo de consumar la redención para la salvación de todos. Cuadra con la estructura del cuarto evangelio, y nos evoca la sed espiritual que Cristo experimentó junto al pozo de la Samaritana (Jn 4,7).

Sexta Palabra: «Todo está consumado» (Juan 19,30).

Se puede interpretar como la proclamación en boca de Cristo del cumplimiento perfecto de la Sagrada Escritura en su persona. Esta palabra pone de manifiesto que Jesús era consciente de que había cumplido hasta el último detalle su misión redentora. Es el broche de oro que corona el programa de su vida: cumplir la Escritura haciendo siempre la voluntad del Padre.(Mt 5,17 Ss.; 7, 24 Ss.; Lev 22,42; Jn 4,34).

Séptima Palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23,46).

Esta palabra expresa la oblación de la propia vida, que Jesús pone a disposición del Padre. Invoca el salmo 30,6, en que el justo atormentado confía su vida al Dios bondadoso y fiel. En Cristo todo se había cumplido, sólo quedaba morir, lo que acepta con agrado y libertad (lo 10,18). Esteban, uno de los mártires cristianos, imitó a Cristo en la primera palabra, lo hizo también en esta última, encomendando su espíritu en el Señor Jesús (Hechos 7,59).

La predicación de las Siete Palabras

Desde su fundación en 1940 la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista no ha faltado ningún año al cumplimiento del fin principal de la misma, que no es otro que realizar la predicación de las Siete Palabras que Cristo pronunció en la Cruz a diversos lugares de la ciudad el día de Viernes Santo.

Desde 1.940 han sido muchos los sacerdotes que han predicado las Siete Palabras. Incluso un año, las Siete Palabras fueron predicadas por siete sacerdotes hermanos de la cofradía. La Cofradía ha sido fiel a su cita del Viernes Santo a las 12 de la mañana en la Iglesia de San Cayetano. Sólo en dos ocasiones esa hora de salida varió, haciéndolo en ambas a las 11 horas y 30 minutos. La primera vez fue en el año 1.956 debido a modificaciones introducidas en la Liturgia de la Semana Santa. La otra se produjo en la Semana Santa de 1.995, en esta ocasión la decisión fue tomada por el Capítulo General de Hermanos y la razón era la de intentar finalizar la procesión a las 3 horas de la tarde, hora a la que según los Evangelios Cristo expiró. La modificación no tuvo mucha aceptación ya que el objetivo perseguido no fue muy conseguido con lo que al siguiente año se volvió al horario tradicional.

Farol de la Quinta Palabra de la Hdad.
de la Sangre de Cristo
Los faroles de las Siete Palabras

Los primeros Siete Faroles procesionados en Zaragoza fueron los pertenecientes a la Hermandad de la Sangre de Cristo. Siete Faroles donados por siete damas de distinguidas familias de Zaragoza a la Hermandad que fueron estrenados en el Santo Entierro de 1913. A partir de 1940 y hasta 1974, estos faroles fueron portado por los hermanos de la Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista pero únicamente en la procesión del Santo Entierro debido a su mal estado de conservación y su excesivo peso.

Por estos motivo y dado que no se acoplaban bien a la estética del resto de atributos de la Cofradía de las Siete Palabras, en 1974 la propia cofradía encarga al taller Artesanías Sancho de Zaragoza 7 nuevos faroles acordes a la estética del resto de atributos. De este modo, desde la Semana Santa de 1974, los faroles de las Siete Palabras procesión tanto en la mañana del Viernes Santo en la Procesión titular de la Cofradía, como en la tarde de ese día en la Procesión del Santo Entierro.

Como anécdota, destacar que en 1980 hubo que reconstruirlos casi integramente en unas horas, porque el accidente sufrido en su transporte desde el almacén a San Cayetano, el día anterior, obligó a trabajar en ellos intensamente al personal que los había hecho nuevos siete años antes para dejarlos prácticamente en disposición de reestrenarlos sin que se notase nada los desperfectos.

Además, en el año 2000 la Cofradía de las Siete Palabras procesionó ambos conjuntos de faroles, los pertenecientes a la Sangre de Cristo y los propios.

Referencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/Las_Siete_Palabras
http://www.sangredecristozaragoza.es/
http://www.cofradiasietepalabras.com/
Libro “Cincuenta años de Tambor en la ciudad de Zaragoza. Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista” de Mariano Rabadán Pina.