sábado, 4 de abril de 2015

Semana Santa 2015: Viernes Santo, por Jorge Gracia Pastor

No te iba a escribir. A veces uno se ve superado por los acontecimientos. Y la inspiración comenzaba a desaparecer (lo avisé). Me veía escribiendo lo mismo de lo mismo, que a si bien es lo que nos gusta, el blanco sobre negro queda tan reiterativo como una lenta mal tocada.

Pero el Viernes Santo terminó siendo distinto. De hecho, ¿cuantos años llevábamos sin una procesión de las Siete Palabras tan tradicional como la de ayer?. Tradicional porque las siete predicaciones volvieron a realizarse a lo largo del recorrido (el año pasado fueron concentradas en una sola, a cargo del Cardenal Amigo en la Plaza del Pilar). Y tradicional porque la lluvia no hizo acto de presencia y todo discurrió con la luz y el ambiente que acapara para si sola la presencia protagonista de la cofradía de los tambores desde hace más de 75 años, aunque desde el pasado, la presencia del soberbio paso de Miñarro es tal que hacia el se te dirige la mirada, haciend compatible una vez más aquello que pensábamos no se podía dar:que también el sentido del oído disfrute con algo más que con tambores y sepa discriminar y aislarse de ellos con algo tan sutil y delicado como la música de los Ministriles de Zaragoza, cada día más imprescindibles detrás de algunos pasos.

Y por la tarde la procesión de las procesiones. Lo que da sentido a la Semana Santa de Zaragoza, la devoción a una imagen, la del Cristo de la Cama, y llena de historia a aquella. Y algo tan secular, en la que solo los añadidos de las cofradía la han ido transformando a lo largo de 75 años, en los últimos, se ha visto enriquecida por la continua recuperación de protagonistas y simbología durante muchos años olvidada. Pero también por estampas, por momentos. Y si en los dos últimos Entierros, la Cama del Señor abría la procesión para presidir todo el inicio de la procesión desde la plaza hasta que llegara el momento de su incorporación, en esta ha sido la carroza de la Dolorosa la que ha maniobrado para ser ella la que reciba la incorporación de su Hijo yacente al cortejo. Aquellos que desde un lugar privilegiado pudieran verlo, disfrutarían de la concentración de los pasos, de los Hermanos de la Cama, de los hachones, de las órdenes de la Guardia Romana, de todo el cortejo funebre del Santo Entierro, del redoble de la Dolorosa en formación y de los acordes del Himno Nacional desde el órgano de San Cayetano.

El discurrir de la procesión, con el nuevo recorrido gana en escenario y ámbiente por las Murallas Romanas, la Basílica del Pilar y sus torres (¿como se vería el cortejo desde una de ellas?), la Lonja, la Seo.....) y este año con la recuperación de las sillas, para comodidad del espectador aún mucho mejor. Cuatro kilometros con sus parones y discurrir normal. Y desde luego mejor por la acera de Independencia que por la calzada.

Y llegó el final y otra estampa de novedad. La Dolorosa vuelve a salir hasta el umbral de San Cayetano para recibir al Hijo en el momento de ser introducido en el Sepulcro. Era deseo que lo hiciera unos metros más adelante, pero quien conoce esa carroza y lo que resbala la rampa de salida de la iglesia, de haberlo hecho, no hay marcha atrás. Suenan los tambores de la Dolorosa con "Ecce Homo", suena el piquete de la Eucarístia que han acompañado, junto a las campanas de las Esclavas, toda la procesión al paso del Señor. Suena el órgano y termina la procesión.

Dentro de la iglesia los nervios de siempre y alguno más. Lógico, las autoridades rindiendo honores al Cristo, la Dolorosa preparando su procesión de la Soledad con su hora indefinida (ni a las 0 horas ni en su defecto.....) y los Hermanso Receptores con el tiempo absorvido en disponer la iglesia para sorprendernos mañana con un nuevo y especial sepulcro.

Ya es Sábado Santo. Espero que lo hayas disfrutado desde donde lo siguieras, aunque posiblemente la televisión fuera el mejor lugar (eso si, sin incienso con olor a vainilla, ni la percepción directa del resto de los sentidos.

Por Jorge Gracía Pastor