jueves, 21 de febrero de 2013

El pregón de un joven y humilde costalero

No fue una tarde cualquiera la del pasado domingo. Ni para el pregonero ni para aquellos todos aquellos jóvenes de la Cofradía de la Humildad y de todas las restantes que acudieron al IV Pregon de la Juventud Cofrade. Nuestro amigo Gerrardo Martínez nos escribe una breve crónica sobre el pregón pronuciado por nuestro amigo Iker Serrano Calavia:
Me pide Paco, el blogger de este portal cofrade que seguimos muchos desde hace tiempo, que escriba la crónica del IV Pregón de la Juventud de la Cofradía de la Humildad, y quizá por mero placer de escribir en su Web, o quizá por puro interés personal de tratar de poner palabras a las emociones vividas, me pongo a ello, sin red y habiendo dejado pasar unas horas para tratar de asimilar todos los sentimientos, aromas, silencios, aplausos y miradas que capté a mi alrededor durante la hora y poco que duró el acto.

Y me lo pones muy difícil, Paco, porque quieres que sea objetivo en algo en lo que no puedo ser, tanto por el acto, precioso e íntimo de principio a fin, como por el pregonero, Iker Serrano, que además de gran amigo, es Hermano. Por eso, no leeréis aquí sino lo que mis ojos y oídos subjetivos captaron en la encalada, sobria y abarrotada Iglesia de las Reverendas Madres Agustinas en la calle Palomar ayer domingo por la tarde.

Hacía días que no dirigía mis pasos a ese micromundo cosmopolita, libertario y religioso a la vez, ácrata y devoto, gris e iluminado, estrecho pero con amplitud de miras, que es el barrio de la Madalena. De reojo, de camino a paso presuroso a la eucaristía que iniciaba el acto, me detengo sin pararme en muchos de los rincones, de las esquinas que han discurrido por mi vida, pues, aunque hace casi dos décadas que marché de ese laberinto de calles de nombres que recuerdan a viejos oficios y a personalidades medievales, jamás dejé atrás el poso que me marcó de adolescente. Recordaba, cuando cruzaba San Vicente de Paul, para embocar la Calle Mayor, aquel lejano 1990 en el que unos pocos, muy, muy pocos, acompañábamos a Jesús ante Caifás en sus Vía Crucis por las calles del barrio. De aquellos benditos barros de túnicas celestes y Cruz de Guía, estos maravillosos lodos, los que forman hoy la Humildad, cofradía, diferente, única y muy querida por muchos. También por mí.

Tengo muchos conocidos entre sus filas, de hecho algunos de ellos, han salido del verde esperanza con el que procesiono cada Viernes Santo, pero nunca había asistido al Pregón de la Juventud Cofrade, que organiza desde hace cuatro años el grupo joven Ego Sum. Este año no tenía excusa, y bien sabe Dios que después de asistir al acto, me arrepiento de haberme perdido los tres anteriores, ya por los pregoneros, ya por el acto en sí, bien organizado, perfectamente puesto en escena y cerrado con el sonido de la banda de San Pablo, que una vez más, me puso los pelos de punta en cada una de las piezas que interpretaron.

Al llegar, las caras amigas y conocidas de esos que yo llamo “fijos de la Semana Santa”, esos muchos que no ves más que de Pascuas a Ramos, ahora también en Cuaresma, y el olor del incienso, intenso y Dulce, no podía ser de otro modo ante la presencia solemne, impotente, de la Madre, me hacen darme cuenta que estoy ya casi en Semana Santa. No por el calendario, sino por que, un año más, un acto me invita a retomar ese sentimiento que, el día a día, las obligaciones y la velocidad mundana, parecen aparcar en cuanto pasan unas semanas después del Domingo de Resurrección. Sonrío cuando me doy cuenta que de nuevo todo está aquí.

Charlo dos segundos con Iker, está nervioso pero concienciado, o quizá está nervioso por lo concienciado que está, por la importancia que le da a un acto, especialmente significativo para él. Comparto su motivación, y se nos une en silencio Nacho, Hermano Mayor de las Siete Palabras, que, además de ser también amigo, no pierde oportunidad de manifestar su apoyo a cualquier Hermano que, bien en la intimidad o bien encima de un atril, haga profesión pública de su fe. E Iker es Hermano, pues nació en verde, como nos recordó en su pregón, y fue adoptado en azul cobalto, y de ese maridaje perfecto de colores, sentimientos, sensaciones, vivencias, costal y años de trabajo, surge un pregón maravilloso, reivindicativo con el papel real de la juventud en la Semana Santa de Zaragoza, pero reconocedor de la realidad joven de nuestras cofradías y hermandades. Toda una declaración de intenciones, sin ambages, sin buscar la verdad absoluta, pero sin renunciar a las convicciones personales.

Y cumpliste tu objetivo Iker, porque nos dijiste que tu mayor satisfacción sería que una sola frase de lo que leíste, de los que nos transmitiste, nos llegase a todos y cada uno. Y puedo afirmar sin miedo a equivocarme que no fueron una, sino varias las frases, los recuerdos o los sentimientos que todos y cada uno de los asistentes que abarrotábamos la iglesia tomamos como nuestras y las convertimos en verdades personalizadas de cada corazón cofrade. Puedes darte por satisfecho, ya no solo por la cerrada y larga ovación que todos los asistentes te dedicamos al final, ni siquiera por las varias veces que se te quebró la garganta fruto de la emoción por ver a tu familia y a María, ya tus amigos emocionados por ti, sino porque muchos salimos del acto mejores de lo que entramos. Porque muchos, yo entre ellos, confirmamos lo que creíamos, cómo se debe sentir la Semana Santa, desde el respeto a la vivencia ajena y plena conciencia de la propia.

Enhorabuena, amigo. Por ser un pregonero de Vida, y enhorabuena al grupo joven Ego Sum, por permitirnos compartir una acto tan bello.
Por todo esto y sobre todo por lo que no está escrito aquí, os recomendamos leer el pregón integró en el siguiente enlace:

IV Pregón de la Juventud Cofrade. Iker Serrano Calavia

Les acercamos algunas fotografías del IV Pregón de la Juventud Cofrade:

Fotos de Alberto Olmo

Vídeo del Pregón filmado por Miguel García: